lunes, 11 de junio de 2012

Hablan hijas de los fusilados (2). MARIANA BONET

MARIANA BONET

“El pedía justicia”

Los ojos azules de Mariana Bonet transmiten alegría. Piensa antes de responder cada pregunta con un leve acento, como producto de su exilio en Francia, donde creció y hoy vive. Su hija no habla castellano. Son hija y nieta de Rubén Pedro “El Indio” Bonet, el dirigente del ERP que participó de la conferencia de prensa que dio en el mismo aeropuerto en el que ella estuvo ayer por primera vez. Allí le preguntaron cuál era la solución que veía para terminar con las dictaduras. “Continuar con la lucha revolucionaria”, respondió su padre –que luego sería fusilado– con una inocultable sonrisa. Ella tiene esa misma gestualidad. “El pedía justicia, igualdad y más solidaridad entre la gente”, recuerda Mariana, que hoy trabaja en medioambiente y desarrollo sustentable.

–¿Qué recuerdos tenés de tu padre?
–Era muy chica. Nací en 1968. Tenía cuatro años cuando murió papi. Tengo los recuerdos que me van contando. Me contaron cuando íbamos a visitarlo a la prisión de Devoto y también vinimos acá a visitarlo.
–¿El les escribía?
–Estuvimos leyendo un diario de la época, donde mi papá me contaba a mí y a Hernán cómo lo habían trasladado a Rawson, cómo iban pasando los días, que trabajaban, cantaban, se reunían a leer, y así iban pasando los días. Decía que nos estaba esperando para el 9 de julio, cuando lo fuimos a visitar. Es un diario de 1972, que publicó la carta y los dibujitos que le mandamos.
–¿Qué impresión te causó él hablando en la conferencia de prensa?
–El pide justicia, igualdad y más solidaridad entre la gente. Son cosas que eran reales, pero no hay nadie más que luche para eso hoy. Su militancia tenía sentido en ese mundo dividido entre comunismo y capitalismo, con la revolución cubana. Y la represión también forma parte de ese marco con Estados Unidos, que implementó el Plan Cóndor.
–¿Tu madre también militaba?
–Sí, ella también militaba.
–¿Ustedes tuvieron que exiliarse tras la masacre?
–Después del ’72 mi madre hizo una causa contra los militares de acá. Entonces, desde ahí pasamos a la clandestinidad. Estuvimos clandestinos seis años, del ’72 al ’78, cuando nos fuimos.
–¿Seis años?
–Sí, que nos mudábamos de un lado para el otro.
–¿Qué implicaba vivir en la clandestinidad para una niña de cuatro años?
–Implicaba que un día volvías a casa de la escuela. No entrabas a tu casa, seguías caminando derecho y te ibas a otro lugar, a otra escuela y con otro nombre. Sin más nada que tu ropita y tu delantal de la escuela de antes. Y eso, cinco o seis veces.
–¿Qué les decía tu madre?
–Que no se podía contar nada. Andábamos con nombre falso. Mi madre volvió a casarse y tomamos el nombre del señor con el que se casó.
–¿Pero seguiste con tu nombre?
–Siempre fui Mariana, sí. Y cuando nos fuimos a Francia, retomé mi apellido original. Y hasta hoy soy Mariana Bonet.