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jueves, 7 de agosto de 2014

Masacre de Trelew: detienen a otro marino y sólo queda libre Luis Sosa

Es Emilio Del Real, uno de los fusiladores del 22 de agosto del 72. Por orden de un juez quedó detenido en Ezeiza.

Por Rolando Tobarez

Desde la semana pasada, Emilio Jorge Del Real, uno de los 3 militares condenados a prisión perpetua por los 16 fusilamientos de la Masacre de Trelew, está detenido en la Unidad 31 del Servicio Penitenciario Federal, en Ezeiza. Lo ordenó el juez del Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia, Jorge Guanziroli, luego del pedido del fiscal Horacio Arranz. Del Real fue condenado en 2012 en Rawson y ese fallo fue confirmado este año por la Cámara Federal de Casación Penal.

Se trata del segundo de los condenados que queda preso. Carlos Amadeo Marandino era el único encerrado, con prisión domiciliaria en Paraná, Entre Ríos. En el caso de Luis Emilio Sosa, el fiscal también pidió que se lo encarcele pero restan informes médicos para conocer su estado de salud, debido a su avanzada edad.

Los tres fueron condenados por acribillar a 16 presos políticos la madrugada del 22 de agosto de 1972, en los calabozos de la Base Aeronaval Almirante Zar de Trelew. Y por el intento de homicidio de otros tres, que sobrevivieron. El fusilamiento fue considerado un crimen de lesa humanidad por el tribunal del histórico juicio en Rawson.

Detalles

El defensor público de Del Real, Sergio Oribones, había apelado la orden de detención ya que según su versión, restaba decidir un recurso extraordinario federal. Además, “no se atendió el reclamo donde se puso en conocimiento que el Cuerpo Médico Forense no dio lugar para que su Cuerpo de Peritos y Consultores de la Defensoría General de la Nación, asistan e intervengan en la pericia médica realizada, por lo que no se pudo controlar”. Guanziroli rechazó este recurso e insistió con su decisión.

Del Real fue revisado por el Cuerpo Médico Forense de la Corte Suprema de Justicia de la Nación para determinar si su afección permitía su tratamiento en una institución penitenciaria federal. Según los médicos, el marino retirado “se encuentra hemodinámicamente compensado”.

Podía ser alojado en una unidad penitenciaria federal, siempre y cuando se cumpliera estrictamente con el tratamiento indicado por sus médicos, con controles por servicios de cardiología y clínica médica.

“Dadas las patologías que presenta y la posibilidad de un evento agudo, el alojamiento debe contar con un sistema de rápida y eficaz respuesta ante emergencias y disponibilidad cercana a un centro de alta complejidad”, explicaron.

A cumplir la sanción

Aunque suele pronunciarse a favor de la libertad de los involucrados en procesos judiciales hasta que no haya condena firme, Guanziroli advirtió que “nos encontramos frente a una sentencia de condena que fue revisada y confirmada por el tribunal competente en la materia, otorgándose así la doble conformidad judicial para que el penado comience a cumplir su sanción”.

El juez interpretó que Del Real ya fue investigado y enjuiciado. “La acusación del Ministerio Fiscal, la naturaleza de los delitos ventilados por los que fue condenado y la última decisión jurisdiccional contraría los intereses del justiciable y aumenta enormemente la posibilidad que intente eludir la acción de la justicia, por la severidad de la sanción recaída, que es deber del tribunal asegurar”.

La Unidad 31 donde está detenido Del Real se localiza en Ezeiza y posee un hospital de media complejidad. Incluye un anexo residencial para adultos mayores

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Pedido de perpetua para cuatro marinos acusados

“Cada uno cumplió una función en el plan”

“Se encontraba en curso ya una persecución contra una parte de la población civil” que debe ser considerada como “crímenes de lesa humanidad”, dijeron los abogados. Pidieron la deportación del marino Roberto Bravo, cuya extradición fue negada por Estados Unidos.

 Por Ailín Bullentini

Por considerar que fueron responsables de dieciséis casos de homicidios, tres tentativas y torturas, la querella de los familiares de las víctimas de la Masacre de Trelew pidió prisión perpetua para los marinos retirados Luis Sosa, Emilio Del Real, Rubén Paccagnini y el ex cabo Carlos Marandino, cuatro de los cinco acusados por los fusilamientos sucedidos en esa ciudad el 22 de agosto de 1972. Para Jorge Bautista, quien en la época de los hechos actuó como juez ad hoc de instrucción militar, el equipo jurídico compuesto por las abogadas del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) Carolina Varsky y Daiana Fusca y el chubutense Eduardo Hualpa solicitó la pena de dos años de cárcel por encubridor de los delitos. A más de 40 años de los hechos, los abogados consideraron los crímenes como delitos de lesa humanidad y, por lo tanto, imprescriptibles. “Para el momento en el que se producen los hechos de la causa se encontraba en curso ya una persecución contra una parte de la población civil que por su magnitud, características y sistematicidad, debe ser considerada como suficiente a los fines de tener por acreditado el contexto requerido para la existencia de crímenes de lesa humanidad”, sentenciaron los abogados de la querella ante el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia, que comenzó en mayo de este año, en Rawson, a juzgar la masacre. Además, pidieron la deportación del marino Roberto Bravo, cuya extradición fue denegada por la Justicia de Estados Unidos, donde reside desde 1974, y la investigación del médico Lisandro Lois –quien firmó los certificados de defunción de algunas de las víctimas de los fusilamientos– por “encubridor”.

Varsky concluyó ayer el alegato de la primera querella del juicio, que reclamó la misma pena para cuatro de los cinco acusados: “Todos como coautores funcionales de los delitos de homicidio, tentativa en tres casos, y torturas. Cada uno cumplió una función en el plan de asesinato”, explicó Varsky a este diario.

Según el análisis de los abogados, acorde con las pruebas expuestas en el debate –los testimonios de los testigos que declararon, los de los tres sobrevivientes aportados en diferentes registros y documentos varios–, “está claro que Sosa, Del Real y Marandino dispararon”. A Paccagnini se lo acusa “en base a una autoría mediata: por ser el jefe de la base; por ser el primero en ingresar al lugar de los hechos inmediatamente después de ocurridos los fusilamientos y también como responsable de las torturas que recibieron los presos en la base entre el 16 de agosto –cuando se entregan en el aeropuerto de Trelew tras la fuga trunca– y el 22 y de sus condiciones de detención allí”.

A Bautista lo acusaron de encubridor de los asesinatos y pidieron por ese delito dos años de prisión de cumplimiento efectivo, que es la pena que el Código Penal de aquellos años establece –se toma la pena más benigna–. No obstante apuntaron que su cargo también es de lesa humanidad porque “la imprescriptibilidad de los delitos de lesa humanidad alcanza no sólo a esos hechos per se, sino también a las autoridades del Estado que toleren su perpetuación”, explicó la abogada.

La querella de los familiares de las víctimas había comenzado a fundamentar su pedido el lunes. Esa primera parte del alegato, un repaso detallado de lo ocurrido durante el debate judicial, sirvió para contextualizar los asesinatos, “abrazar” el pedido de condena y otorgarle sentido: “La normativa represiva, las reglamentaciones de las Fuerzas Armadas que seguían los lineamientos de la Doctrina de Seguridad Nacional y las enseñanzas de la Escuela Francesa; la creación de un fuero antisubversivo y el Camarón –la Cámara Nacional en lo Penal, que tenía jurisdicción en todo el país para tratar exclusivamente casos de militantes políticos–, una fuerte represión a la población civil, la práctica sistemática de torturas, detenciones arbitrarias y las primeras desapariciones forzadas de personas”, enumeró en diálogo con Página/12 Varsky.

Ayer, al final del alegato concluyó que “la Masacre de Trelew no fue un hecho aislado, producto de decisiones circunstanciales o de algún descontrol ocasional. Por el contrario, se produce en un marco de pleno desarrollo de un plan general de ataque a un grupo de la población civil, definido en forma genérica como ‘comunistas’, ‘subversivos’, ‘terroristas’”. Según entendió el equipo de letrados, ese plan, “por su magnitud, características y sistematicidad” es razón “suficiente a los fines de tener por acreditado el contexto requerido para la existencia de crímenes de lesa humanidad”.

Según los registros, Bravo reside en Estados Unidos desde 1974. A principios de 2008, el Estado argentino solicitó su extradición en el marco de la investigación de los fusilamientos de Trelew. La corte de Florida la denegó. Ayer, las abogadas del CELS y Hualpa solicitaron al Tribunal su deportación “en tanto quedó acreditado en el juicio que es uno de los autores del plan de asesinar a los militantes y que ni la Justicia militar, con Bautista a cargo de la instrucción militar, ni la Cámara Federal, el Camarón, avanzaron hace 40 años en investigar sobre los responsables de la masacre”.

Por último, el alegato pide que la Justicia investigue a Lisandro Lois, quien fue médico de la base y firmó los certificados de defunción de las víctimas que sobrevivieron en un primer momento al tiroteo, pero que luego mueren –es el caso de Pedro Bonet–. “A esas personas nadie les dio asistencia. Pedimos que se lo investigue por encubrimiento.” Lois fue, años más tarde, jefe de Sanidad de la Escuela de Mecánica de la Armada durante la última dictadura militar.

La mesa de ensayo

 Por Ailín Bullentini

“En palabras del mismo Duhalde (en referencia al ex secretario de Derechos Humanos de la Nación Eduardo Luis), Trelew fue la mesa de ensayo, el prólogo de todo lo que vino después”, mencionó el abogado Martín Rico, quien junto con Germán Kexel comenzó ayer a exponer los alegatos de esa secretaría en el juicio por la Masacre de Trelew ante el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia, tarea que culminará hoy con el pedido de condenas. El razonamiento, que desembocará en la calificación de los fusilamientos como delitos de lesa humanidad, considera que “el plan criminal que imperó durante la última dictadura militar argentina no empieza en 1976. Todas las características de ese plan están presentes en Trelew, no sólo puntualmente el 22 de agosto, sino en las condiciones de detención en la base, en la incomunicación de los presos. Todo es parte de un mismo plan”, resumió Rico

martes, 18 de septiembre de 2012

La voz de los sobrevivientes de Trelew

En el juicio por la masacre del 22 de agosto de 1972, se escuchó una grabación de Berger, Haidar y Camps.
El sonidista José Khusnir tomó los testimonios de los tres presos que sobrevivieron a los fusilamientos en el breve lapso que estuvieron libres antes de desaparecer. El relato de las responsabilidades de los acusados Sosa y Bravo.

 Por Ailín Bullentini

“Nosotros somos los sobrevivientes de la masacre de Trelew, ocurrida el 22 de agosto de 1972.” Es lo primero que se le escucha decir al “combatiente” de la “organización Montoneros” Ricardo Haidar en una narración oral a tres voces que compartió junto con los integrantes de las FAR María Antonia Berger y Alberto Camps, diez meses después de “ganarle al enemigo” y cuatro años y medio antes de desaparecer para siempre. Tal vez por eso, el audio de esa historia es tan impactante: hace añicos el silencio que algunos creyeron volver eterno con borrarlos de la faz de la tierra. Entonces, a cuarenta años de las ráfagas de ametralladoras y del pacto de sostenimiento de una versión inventada, los cuerpos que les ganaron a las balas hablan –no ya por boca de otros, como en La Patria Fusilada, del poeta desaparecido Paco Urondo– de los fusilamientos y de los fusiladores. “Lo que me cuestionaba y nos cuestionábamos es que esos tipos son (eran) irrescatables; que todo lo que había pasado nuestro pueblo no les importa ni cinco”, dice Berger en un momento de la descripción, en referencia al “capitán (Luis) Sosa” y al “teniente (Guillermo) Bravo”, cuya extradición no fue aprobada por el gobierno de los Estados Unidos en donde reside, el único con vida que falta en el banquillo de los acusados.

“El régimen en la base era intimidatorio y buscaba nuestra reacción. Los que nos custodiaban tenían orden de hacerlo con bala en recámara y sin seguro; éramos trasladados con las manos en la nuca y apuntados por varias armas”, cuenta Camps, congelado en el tiempo de una cinta de sonido, la última prueba sumada a la masacre de Trelew que entró en la etapa de los alegatos ayer. “Se ve en las palabras que dijo Sosa al día siguiente de la fuga: ‘La próxima no habrá negociación; los vamos a cagar a tiros’. La intimidación tenía caracteres alarmantes. Emitían disparos al aire; al compañero Mariano Pujadas lo hicieron barrer desnudo y a la vista, apuntado por las armas; nos hacían acostar desnudos en el piso a una temperatura de diez grados bajo cero”, ejemplifica el santafesino.

Las condiciones de la detención en la Base Almirante Zar, así como la descripción del comportamiento de Sosa y Bravo, son lo más importante a nivel probatorio que el audio aporta al juicio. Sin embargo, el detalle minucioso del momento de los fusilamientos y el instante mismo en que la versión oficial de los hechos es construida, datos ya conocidos, no dejan de provocar estupor. Grabada por el director de cine y sonidista José Khusnir, la entrevista a los sobrevivientes fue escuchada en el marco de la última audiencia de testimonios del proceso oral. Khusnir grabó el relato para una película que Pino Solanas nunca editó, y lo guardó. En pocos años, el audio se convirtió en un tesoro demasiado peligroso. Temeroso, las metió en un bolso y lo llevó consigo a su exilio en México durante la última dictadura. Varios años después, durante un homenaje a Raymundo Gleyzer, se lo prometió a la viuda de Pedro Bonet –una víctima de Trelew– y ésta las puso a disposición de la cineasta Mariana Arruti en épocas de la filmación de su documental Trelew. De allí, la historia llegó hasta el proceso que busca dar justicia a los fusilamientos.

“Hicieron tanto para eliminarlos y sin embargo resurgieron sus voces. Fue un acto de justicia poética”, definió el abogado de la querella de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, Germán Kexel, quien además coincidió con su par Eduardo Hualpa, de la querella de los familiares de las víctimas, en que la versión oída “coincide perfectamente con que los sobrevivientes ofrecen en La Patria... y en los juicios civiles (material que se incorporó en la causa a través de los documentos secretos encontrados en la Armada)”. “El audio fue realmente conmovedor: un viaje que obligó hasta a Sosa a trasladarse en el tiempo y a ver con sus propios ojos esa verdad que él quiere ocultar”, mencionó Hualpa, que ayer comenzó su alegato (ver aparte).
Los fusiladores

Camps: –Estábamos a cargo del capitán Sosa y del teniente Bravo. El teniente Bravo estaba a cargo de un equipo de guardia, eran cuatro guardias durante el día, pero él, que era el verdugo típico, el tipo que constantemente provoca, buscaba estar en tres. Constantemente nos sometía a sanciones, nos hacía desnudar, tirarnos al piso o ponernos desnudos contra la pared sin ningún motivo. Era el prototipo del cínico. Al lado de eso, después venía y buscaba la charla amable. Tenía frases típicas como “a éstos en vez de alimentarlos, deberíamos matarlos”, “ya van a ver que al terror guerrilla se lo combate con el terror antiguerrilla”. Era el prototipo del cancherito, del sobrador. Era característico su cinismo.

Haidar: –El capitán Sosa mostró dos caras. Una que tuvo en las negociaciones y otra a partir de que nosotros pasamos a estar en sus manos. Es un individuo prepotente y que en su momento mostró decisión de matarnos realmente. Cínico, también. Venía, se arrimaba para vernos en qué condiciones estábamos, un poco gozando con el espectáculo. Mostraba también con todas sus actitudes estar a distancias siderales de lo que sentía y pensaba y piensa el pueblo. Una mentalidad enfermiza, reaccionaria y gorila. Nos puteaba: “¡Qué van a hacer ustedes, combatientes del pueblo! Ustedes son asesinos, delincuentes”.

Berger: –Nunca nos reconocían como parte del pueblo. Tanto Sosa como Bravo siempre trataban de mostrarnos así, como los asesinos o como los delincuentes. En ese sentido, no nos respetaban. Ahora, por otro lado, sí tenían una especie de admiración porque pese a que nos gritaban nosotros teníamos el ánimo alto. Pese a todas las amenazas siempre nos reíamos, estábamos contentos y eso no podían soportarlo y no podían comprenderlo.
Ráfagas de ametralladora

De manera casi igual a cómo lo relató ante el grabador de Paco Urondo el día en que aguardaban la libertad del “Devotazo”, Berger recordó, una vez más y para una película que nunca fue, cómo los “hicieron formar” en la madrugada del 22 a las tres y media de la mañana “con patadas en las puertas”. “En un determinado momento comienzan los disparos. Me sorprendo mucho, me siento herida. Tenía en aquel momento ya cuatro disparos encima.” Mencionó que después de ver a “la Santucho” muerta se dio cuenta de que los estaban “fusilando” y detalló que el “tiro de gracia” que recibió en la cara le hizo sentir “una explosión en la cabeza”. Camps aseguró comprender “inmediatamente que es una masacre, que es la muerte para todos”. Resultó herido en el momento de los remates, al igual que Haidar.

Sin embargo, mechado entre el devenir métrico del desenvolvimiento de los asesinatos en sí, el montonero santafesino reveló el instante en el que, heridos y desangrándose en el piso de las celdas en que los habían encerrado durante una semana, oyeron la primera explicación formal de la versión oficial y mentirosa de los hechos: “Todos los que quedamos heridos fuimos recogidos posteriormente a que llegara un grupo de gente que aparentemente era ajena a los hechos y que tal vez explicarían la razón de que estemos aquí, de que hayamos sobrevivido a la masacre. Porque esas personas recibieron explicaciones por parte de Bravo, como que Mariano Pujadas le había querido quitar la pistola al capitán Sosa”.

La grabación finaliza con un análisis de la masacre que los sobrevivientes realizan en esa época. Durante esos escasos diez meses, los combatientes de las organizaciones armadas populares no sólo habían salvado sus vidas, sino también habían vuelto a la cárcel y recuperado su libertad, creían, para siempre. “Para nosotros el sobrevivir a una encerrona, una ratonera en la que se mirara para donde se mirara estaba todo cubierto, es una limitación del enemigo”, evalúa –en presente eterno– Haidar, quien además destaca que el “invento” de una versión ficticia de los hechos para integrantes de la fuerza se debe a que “ellos tienen contradicciones internas y que no todos tienen las características de Bravo y de Sosa”. Para Berger, la masacre intentó “la eliminación física” y con ella “dar un golpe fuerte a la guerrilla y aislar a los combatientes del pueblo. Lo que pasa después, sobre todo con el velatorio de los compañeros, muestra hasta qué punto nadie se creyó la historia que contaron los milicos”.
Los alegatos finales

Según la querella de los familiares de las víctimas de los fusilamientos del 22 de agosto de 1972, la Masacre de Trelew fue “un hito en el plan clandestino de represión, que alcanzó su máxima intensidad durante la última dictadura”. Así comenzó el abogado Eduardo Hualpa, uno de los integrantes de esa querella, los alegatos finales en el marco del juicio por los hechos sucedidos hace cuarenta años. Hualpa expuso los hechos previos al fusilamiento que causó 16 muertes y heridas graves a otros tres prisioneros en la base Almirante Zar de la Armada, desde la fuga, una semana antes, de 25 detenidos del penal de Rawson, la capital de Chubut. Hoy continuará su colega Carolina Varsky con el pedido de penas para los cinco acusados.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Masacre de Trelew: Terminó la etapa de testimonios

La voz de las víctimas

En la audiencia de ayer se escuchó un audio de los tres sobrevivientes a los fusilamientos. Declaró el sonidista que lo guardó durante todos estos años. El lunes comenzarán los alegatos. El fallo llegará promediando octubre.

 Por Ailín Bullentini

Con las voces de María Antonia Berger, Alberto Camps y Ricardo Haidar culminó, ayer, el debate judicial por la Masacre de Trelew. El audio, escondido hasta el momento, de una entrevista en la que los tres sobrevivientes de los fusilamientos que la Marina cometió el 22 de agosto de 1972 en la Base Almirante Zar contaron su versión de la historia, fue el último testimonio que el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia escuchará en el marco del juicio que entró en su recta final; lo precedieron una escueta aunque suficiente declaración del sonidista que lo atesoró durante casi cuarenta años y los dichos del perito físico Rodolfo Pregliasco. En diálogo con Página/12, las querellas de los familiares de las 16 víctimas y de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación evaluaron el camino recorrido –más de treinta testimonios en poco más de cuatro meses– y consideraron que “sobran las pruebas” para calificar los hechos como delitos de lesa humanidad. El lunes, las partes acusatorias iniciarán la etapa de alegatos, que se extenderá durante el resto de la semana. El fallo de los jueces llegará promediando octubre.

“Creemos que el bagaje probatorio ha sido completo para contextualizar y probar la lesa humanidad de los delitos investigados, determinar que se trató de fusilamientos ordenados por las altas autoridades de la base, quienes recibieron el mensaje desde las jerarquías militares correspondientes (en referencia al dictador Agustín Lanusse)”, concluyó el representante de la secretaría nacional, Germán Kexel. En representación de las familias, Eduardo Hualpa evaluó que “el impacto más fuerte del proceso fue el hecho de que se pudo discutir, a cuarenta años de estos hechos, la verdad histórica y también la verdad jurídica”.

Muchos de los elementos acumulados durante el juicio son testimonios de familiares de las víctimas, de ex presos políticos y ex conscriptos que permitieron, más que echar por tierra la versión oficial de los hechos –un intento de fuga de parte de los presos políticos–, dar a los asesinatos un contexto de persecución de parte del gobierno de facto que explicaría su intencionalidad concreta.

También se sumaron pruebas nuevas durante el proceso oral que demuestran “la intención de las Fuerzas Armadas de esconder la masacre”, apuntó Kexel. La entrevista en formato audio de los tres sobrevivientes a los fusilamientos, aportada por la cineasta Mariana Arruti –directora del documental que investiga la masacre y testigo en el juicio– y escuchada en la audiencia de ayer se suma a la documentación encontrada en la Armada sobre los juicios civiles que las familias de algunos de los presos políticos asesinados habían iniciado inmediatamente después de los hechos. Además, el TOF aceptó como prueba un CD elaborado por la Unidad Fiscal de Seguimiento de Juicios de Derechos Humanos, que contiene documentos periodísticos que suman a la contextualización histórica de los fusilamientos. “La lucha de los familiares y de los organismos de derechos humanos logró reabrir la historia argentina para cerrar algunas heridas”, concluyó Hualpa. Queda esperar que los jueces dicten las máximas penas.

jueves, 30 de agosto de 2012

"Somos muy pocos los familiares que vivimos, nos sentimos sobrevivientes"

Declararon los hermanos de Ulla y Toschi y la cuñada de Pujadas. En sus testimonios relataron la persecución que sufrieron los familiares de las víctimas de Trelew desde los días posteriores al fusilamiento hasta entrada la dictadura.
 
Familiares de tres de las víctimas de la Masacre de Trelew declararon ayer sobre la persecución que sufrieron por sus vínculos con los 16 presos políticos fusilados en la Base Almirante Zar. “Somos muy pocos los familiares que vivimos. Nos sentimos sobrevivientes”, dijo Julio Cesar Ulla, hermano Jorge Alejandro Ulla, asesinado en la madrugada del 22 de agosto de 1972. Desde las 10 de la mañana, también atestiguaron el hermano de Humberto Toschi y la cuñada de Mariano Pujadas.

Los testigos dieron cuenta de las represalias de la dictadura de Agustín Lanusse luego de la fuga de los presos del penal de Rawson, situación que continuó con la Triple A y con la última dictadura cívico-militar. “Que fuéramos familiares de los detenidos en ese momento ya nos hacía tener una participación política”, explicó Ulla. Durante su testimonio relató la última imagen que tiene de su hermano Jorge en la celda de la Base Almirante Zar, imagen que pudo reconstruir a partir del relato que le hicieron los sobrevivientes, quienes le contaron que escucharon el grito de su hermano que decía “tirá, asesino hijo de puta”.
“Repasé muchas veces esa escena, traté de imaginarla cómo habría recibido ese tiro a quemarropa. Él ya tenía un tiro en el muslo y estoy seguro que intentó pararse para morir de pie, porque él era así, y seguro que tenía una sonrisa”, contó con dolor.
El testigo reconstruyó el momento en que le sacaron fotos al cuerpo de su hermano, que hace unas semanas entregaron a la justicia, y repasó la represión en el entierro y la persecución que sufrió en carne propia luego de la masacre.

Su primera detención fue en el homenaje que se hizo en Córdoba al cumplirse un mes de los fusilamientos: “Me llevaron al D2, donde pasé varios días. Un día me forzaron a ir a mi casa para allanarla, no encontraron nada pero al ver el moisés de mi hijo me dijeron que me despidiera porque no lo iba a ver más. Cuando al otro día me llamaron por mi nombre pensé que ya estaba, pero me entregaron el dinero, el cinto y me liberaron”, detalló. La segunda vez también fue durante un homenaje por Trelew. Esta vez lo llevaron al campo, lo golpearon y le gritaron que empezara a correr. “Salí corriendo y cuando llegué a un campo donde había unos repollos enormes me di vuelta y el celular ya se estaba yendo”, agregó. Ya en 1976, en Santa Fe, nuevamente lo fueron a detener. “Les dije que trabajaba en la cárcel de mujeres. No había celulares así que se fueron y me dijeron que no saliera de la casa hasta que ellos volvieran. No regresaron pero fue la noche más larga de mi vida”, recordó.
Al finalizar su testimonio, Ulla quiso hablarle al tribunal. “Les deseo que tengan un justo y contundente veredicto para cerrar estos delitos y decir Nunca Más”, manifestó y agregó: “Mi presencia aquí es el legado de mi padre, él me dijo que si esto llegaba a la justicia tenía que estar presente y acá estoy con mis cuatro hijos.”

Otra de los testimonios fue el de Eduardo Alberto Toschi, hermano de Humberto Toschi, dirigente del PRT-ERP asesinado en Trelew. El testigo indicó que su familia sufrió más de 19 allanamientos desde la fuga hasta que decidieron exiliarse.

Minutos antes se presentó Ana María Bigi, ex cuñada de Mariano Pujadas, quien relató la represión que sufrió la familia del dirigente de Montoneros, al recordar el secuestro, torturas y asesinato en 1975 de los padres y hermanos de Pujadas, entre ellos Jorge, su ex pareja. “Hubo muchos allanamientos a la granja que tenía la familia en Córdoba pero el 13 de agosto de 1975 se llevaron a la familia y los mataron. Los torturaron a todos y les arrojaron granadas a los cuerpos para despedazarlos. Todos tenían tiros de gracia menos mi suegra, a quien habían matado en la casa. Al día siguiente fui a la granja y estaban los cuatro cajones”, señaló. El hecho fue reivindicado por el Comando Libertadores de América, la versión cordobesa de la Triple A. “Firmaron con las siglas una imagen de Mariano y también tiraron en el inodoro un busto de él”, rememoró. Ella y los hermanos de Pujadas que se habían salvado partieron luego al exilio. “Pujadas era como una mala palabra. A mi mamá y a mi papá los echaron de su trabajo por tener nietos con ese apellido”, finalizó.

Por: Gerardo Aranguren

martes, 28 de agosto de 2012

Masacre de Trelew: semana de testimonios

TRELEW (AV).- Finalizan hoy las declaraciones de los testigos de la acusación y la querella en el juicio por la Masacre ocurrida el 22 de agosto de 1972, en la base Almirante Zar de esta ciudad chubutense. Jueves y viernes, en tanto, comenzarán a dar su testimonio los convocados por las defensas de los cinco imputados, luego habrá una semana de receso y continuarán el lunes siguiente con más testigos.

Se calcula que para el 15 de setiembre ya no habrá más testimoniales, por lo que se podrá establecer la fecha de los alegatos y alrededor de un mes más tarde, tal vez se pueda ya conocer la sentencia contra Luis Sosa, Carlos Marandino, Jorge Bautista, Rubén Paccagnini y Emilio Del Real.

Esta semana, en la reanudación de las audiencias, después de un par de semanas de interrupción, se escuchó el fuerte testimonio de la antropóloga y cineasta, Mariana Arruti, quien pudo contextualizar aquellos episodios de los que acaban de cumplirse 40 años y, a través del relato de las entrevistas realizadas para su film "Trelew: la fuga que fue masacre" y los testimonios recogidos en ese trabajo documental, logró establecer un hilo conductor entre los fusilamientos y las persecuciones y la represión posterior hacia los familiares y allegados a las víctimas.

Uno de los médicos de la Base Almirante Zar, que asistió a las víctimas de la Masacre de Trelew, le impuso algunas condiciones para dejarse entrevistar. "El doctor Talavera me dijo que aceptaba que lo filmara, pero que el tape se lo iba a quedar él. Hoy me arrepiento. Nunca pensé que iba a estar en un juicio para poder contar lo que me habría dicho", dijo Arruti frente al Tribunal Oral Criminal Federal de Comodoro Rivadavia. Talavera falleció al poco tiempo y ese testimonio no pudo ser obtenido. Arruti pudo vincular también la persecución a las familias de dos de las víctimas –los Sabelli y los Capello– y a Daniel Carreras, el periodista que cubrió para la televisión local la entrega en el viejo aeropuerto de Trelew de los presos políticos que se habían fugado del penal de Rawson.

Según explicó el abogado de la Secretaría de los Derechos Humanos, Germán Kexel, el testimonio de Arruti permitió "entablar una conexión directa entre la Masacre de Trelew y las violaciones a los derechos humanos que sucedieron posteriormente en el país, lo cual refuerza mucho la caracterización de los crímenes de 1972 como delitos de lesa humanidad".

Ayer, en tanto, se escucharon las declaraciones de Julio Ulla, hermano de Jorge, quien aportó fotos de su hermano muerto en el féretro que serán un documento clave para la causa y de Ana Bigi, cuñada de Mariano Pujadas. Hoy se aguardan la declaraciones del militar retirado Horacio Ballester y de la historiadora Vera Carnevale, quienes podrán aportar datos sobre el contexto en el que se produjeron esos crímenes considerados delitos de lesa humanidad

Trelew: una testigo cuestionó que los acusados por la masacre sigan libres

Mariana Arruti reveló detalles del trabajo de investigación que realizó para su documental Trelew. La fuga que fue masacre

La documentalista reprodujo el relato que uno de los médicos que llegó poco después del fusilamiento le confió pero que se negó a decir ante las cámaras. Dio cuenta de la persecución que sufrió el periodista que cubrió la toma del aeropuerto.

Cuando ya habían terminado las preguntas del Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia, la cineasta Mariana Arruti pidió nuevamente la palabra e hizo un llamado a los jueces: "Me duele como ciudadana que los acusados estén en libertad. Nuestras cárceles están llenas de presos sin condena, ¿cuántos de esos presos tienen en sus espaldas la acusación de 16 homicidios?", se preguntó.
 
Arruti declaró ayer como testigo en el juicio que se sigue en Chubut por la denominada Masacre de Trelew, ocurrida el 22 de agosto de 1972. Fue citada por la querella como directora del documental Trelew. La fuga que fue masacre, que reconstruyó la fuga del penal de Rawson y el fusilamiento de 16 presos políticos en los calabozos de la Base Almirante Zar.
 
La mayoría de los imputados, entre ellos Luis Emilio Sosa, Rubén Paccagnini, Emilio del Real y Enrique Bautista -quienes tal como señaló la testigo están todos en libertad- siguieron desde el Consejo de la Magistratura la declaración de Arruti, que comenzó cerca de las 16. El único acusado que permanece en Chubut, detenido, es Carlos Marandino.
Durante su testimonio, la cineasta repasó el proceso para la creación del documental, las entrevistas a familiares de las víctimas y las dificultades para acceder a fuentes de la Armada que habían participado de los hechos.
 
Recordó su encuentro con uno de los médicos que llegó a la Base minutos después de la masacre, quien se negó a ser grabado para la película. "Queríamos entrevistar a personas que habían estado durante el hecho y contactamos al médico Talavera. Me contó que no estaba en el lugar durante el hecho pero que accedió inmediatamente y había encontrado mucha sangre. Después dijo algo que no olvidaré nunca, que (Carlos Alberto) Astudillo estaba girando como la aguja de un reloj tirado entre las celdas. Se estaba muriendo en el piso", recordó Arruti, quien lamentó no haber podido grabar a Talavera como aporte a la justicia: "Accedió a hablar pero si se quedaba con la cinta. No acepté y ahora me arrepiento porque podría haber sido útil para el juicio, pero en ese momento no imaginábamos que iba a llegar este momento."
 
En su intento por conseguir fuentes oficiales de la Armada, la cineasta se reunió con el entonces jefe de la fuerza, Jorge Godoy, a quien describió con traje de gala, "muy tenso y apurado para irse". "Nos dijo que no tenían contacto con los responsables ni existía documentación sobre la masacre. Me repitió varias veces que Trelew era un tema sensible para la Marina. Después en 2006 supimos que seguía siendo sensible porque nuestro equipo de rodaje había sido observado por la inteligencia de la Marina", sostuvo, en referencia a la causa por espionaje ilegal en la que está procesado el ex jefe de la Armada.
Ante la pregunta de una de las querella sobre material que no incluyó en la película y que podría ser útil para la causa, la directora puso a disposición del TOF la entrevista completa al fallecido periodista Daniel Carreras, el único cronista televisivo que cubrió la toma del Aeropuerto de Trelew para el Canal 3 y que entrevistó a los líderes guerrilleros. Arruti recordó que en 1976, cuando Carreras ya vivía en el Conurbano Bonaerense, el periodista fue secuestrado por un grupo de tareas que lo llevó a Campo de Mayo, donde fue ferozmente torturado. Lo acusaban de haber participado en la fuga, ya que había conservado en su casa varias fotos de los militantes que habían realizado la toma del aeropuerto.

Por: Gerardo Aranguren

lunes, 27 de agosto de 2012

El contexto de los fusilamientos de Trelew

Declaró la cineasta Mariana Arruti en la causa por los asesinatos de 1972

 Por Ailín Bullentini

De los cuatro años de producción de su documental Trelew, la antropóloga y cineasta Mariana Arruti recordó ayer, entre otras cosas, el momento en el que no aceptó las condiciones que uno de los médicos de la Base Almirante Zar, que asistió a las víctimas de la Masacre de Trelew, le impuso para dejarse entrevistar. “El doctor Talavera me dijo que aceptaba que lo filmara, pero que el tape se lo iba a quedar él. Hoy me arrepiento. Nunca pensé que iba a estar en un juicio para poder contar lo que me habría dicho”, dijo Arruti frente al Tribunal Oral Criminal Federal de Comodoro Rivadavia durante su testimonio en el marco del juicio por los fusilamientos del 22 de agosto de 1972. Talavera falleció y se llevó consigo su versión de las muertes.

El repaso de la realización de una de las dos producciones audiovisuales que existen sobre la masacre –la otra es Ni olvido ni perdón, del desaparecido Raymundo Gleyzer– aportó a la “contextualización” de los asesinatos “en el marco de las violaciones a los derechos humanos”, evaluaron las partes acusatorias en el juicio. La persecución a las familias de dos de las víctimas –los Sabelli y los Capello– y a Daniel Carreras, el periodista que cubrió para la televisión local la entrega en el viejo aeropuerto de Trelew de los presos políticos que se habían fugado del penal de Rawson, fueron algunos de los puntos más fuertes de su declaración.

Arruti comenzó a responder preguntas de las querellas y defensas frente al Tribunal Oral de Comodoro Rivadavia pasadas las 16 de ayer. Los acusados –los marinos retirados Luis Sosa, Emilio del Real, Roberto Pacagnini y Jorge Bautista– la oyeron desde Buenos Aires. El cabo Carlos Marandino participó de cuerpo presente. La cineasta mencionó los puntos sobresalientes de la producción del documental que realizó sobre la masacre, que se proyectó en el marco del juicio a principios de mes. “En muchos tramos de su declaración, Arruti logró entablar una conexión directa entre la Masacre de Trelew y las violaciones a los derechos humanos que sucedieron desde 1976 en el país, lo cual refuerza mucho la caracterización de los crímenes de 1972 como delitos de lesa humanidad”, analizó el abogado de la Secretaría de Derechos Humanos Germán Kexel.

Kexel se refirió a lo que mencionó la cineasta respecto del periodista de Canal 3 de Rawson Daniel Carreras, la tía de María Angélica Sabelli y la madre de Eduardo Capello, quienes en el marco de la realización del documental aseguraron haber sido víctimas de persecución política durante la última dictadura. También a las dificultades que Arruti dijo que tuvo al encontrar imágenes de la toma del aeropuerto, el 15 de agosto de 1972. “Era material que no se encontraba en los canales y después me enteré de que las fuerzas de seguridad en el ’76 comenzaron a retirar cintas que podrían haber sido utilizadas para identificar personas”, consideró.

“Carreras me contó las consecuencias en un montón de aspectos que tuvo para hacer esa entrevista en el aeropuerto”, mencionó Arruti en relación con el periodista que había hablado con los referentes de los 19 presos políticos fugados del penal de Rawson en el viejo aeropuerto de Trelew. “Me contó que de la toma se llevó una púa que le regaló (una de las víctimas, Mariano) Pujadas y una foto de los militantes; que después de eso se fue a vivir al conurbano bonaerense y que allí le allanaron la casa, lo detuvieron y desaparecieron durante diez días en Campo de Mayo, donde fue ferozmente torturado.” El material de esa charla quedó afuera del documental, pero Arruti lo cedió al tribunal para que sea incorporado en la causa ya que, si bien el periodista declaró en la etapa de instrucción, falleció antes del juicio. El tribunal analizará la incorporación de otra prueba sumada por la querella de los familiares: el audio de una entrevista que ofrecieron los tres sobrevivientes a los fusilamientos, María Antonia Berger, Ricardo Haidar y Alberto Camps. “Es una prueba importante por lo simbólico, porque se recupera su voz”, analizó Kexel.

Las charlas con Soledad Capello y Chela Sabelli, en tanto, “impactaron mucho” a la antropóloga. Luego de mudarse en varias oportunidades por sufrir “amenazas”, los padres de Eduardo Capello sufrieron la desaparición de su otro hijo, Jorge, quien “había ido a reconocer el cuerpo de su hermano a Trelew y aparecía en varias notas periodísticas de la época”. “Jorge fue secuestrado con su mujer, Nené, y su hijo de 14 años. Los vieron por última vez en El Vesubio”, apuntó la cineasta. Chela fue quien “reconoció el cuerpo de su sobrina en la morgue, antes de que le hicieran la autopsia”, a dos meses de haber sido asesinada, y cuyo resultado arrojó que “el tiro mortal fue dado a 10 centímetros de la nuca”. Su familia entera se exilió en Italia tras la masacre. Los documentos descubiertos en el archivo de la Armada hace poco más de un mes contienen el informe de esa autopsia, en tanto que el dato del tiro de gracia en la nuca lo mencionó durante su declaración Miguel Marileo, el empleado de la funeraria que contrató la Armada para trasladar los cuerpos.

miércoles, 22 de agosto de 2012

LUIS “NONO” ORTOLANI - El preso 26

Negoció la entrega del penal de Rawson por parte de los presos que se habían quedado adentro el 15 de agosto de 1972, después de que salieran los primeros 25 y se frustrara la fuga del resto. En Devoto, dos sobrevivientes le contaron los detalles de los fusilamientos del 22 de agosto.

 Por Victoria Ginzberg

La fuga del penal de Rawson se planeó en tres niveles. El primer grupo era de seis, los máximos dirigentes de las organizaciones Montoneros, PRT-ERP y FAR, que lograron subirse al avión que los llevó a Chile. Un segundo, de 19, salió de la cárcel, pero se quedó en el aeropuerto y terminó en la base Almirante Zar. Esos 19 fueron fusilados el 22 de agosto de 1972. Había un tercer grupo hasta contar 116, que era el número de personas que entraban en el avión que se pretendía tomar. “Si algo salía mal, el primero que se quedaba adentro, el preso número 26, que vengo a ser yo, tenía que llamar a los remises para que se fueran los otros”, cuenta Luis “Nono” Ortolani. El 15 de agosto de 1972 fue el encargado de negociar la rendición de quienes habían quedado dentro del penal. Una semana después, se enteró por radio de la muerte de sus compañeros. Desde ese mismo momento supo que la versión oficial era mentira de principio a fin, pero el detalle de cómo fueron los asesinatos lo supo en uno de sus traslados a Buenos Aires, cuando pudo hablar en el patio de Devoto con René Haidar y Alberto Camps, dos de los tres sobrevivientes de la masacre. Ortolani militaba en el PRT-ERP, estaba a cargo del área de propaganda. Lo arrestaron en 1972, en Córdoba, después de una reunión de la Escuela de Cuadros, en Salsipuedes, cuenta, y hace notar la ironía del nombre del lugar. Tiene 73 años, vive en Rosario y hace 24 años conduce el programa Hipótesis, en LT28.

–¿Cómo se empezó a hablar de la fuga?

–El preso político cae y lo primero que piensa es cómo fugarse. Cuando declaré el 2 de agosto en el juicio oral, hice esta comparación: en los ejércitos convencionales, en una guerra entre países, los soldados son civiles llamados a filas, no tienen obligación de fugarse, pero los oficiales sí, porque ellos han elegido la carrera militar. Como nosotros todos habíamos elegido ser combatientes y militantes teníamos obligación, nuestro pensamiento estaba en la lucha junto al pueblo, junto a nuestros compañeros, organizando a la gente.

–Y primero se pensó en un túnel.

–Al principio habíamos pensado en un túnel, pero el terreno de Rawson es muy jodido, salía tierra con piedras y eso lo llevábamos disimulado en mochilas que hacían las compañeras arriba y nos las mandaban. Había cosas que entraban de afuera, yo no sé cómo. Una de las claves de la fuga fue un celador. Los compañeros de la dirección iban entablando charlas con los celadores y encontraron uno que era afable y que tenía cierta afinidad. Sobre eso se le ofreció una compensación económica si contribuía con la fuga. Uno de los elementos que se tuvieron en cuenta para definir la fuga el día 15 de agosto era que estuviera él de guardia. Otro elemento era que fuera feriado.

–¿Y cómo se planeó esta fuga?

–La fuga se planeó con tres escalones: el primero eran los dirigentes principales, Mario Roberto Santucho, Enrique Gorriarán Merlo y Domingo Menna, del PRT-ERP; Carlos Osatinsky y Roberto Quieto, de las FAR, y Fernando Vaca Narvaja, de Montoneros. Ellos se fueron en un auto, son los que alcanzaron a tomar el avión, lograron llegar a Chile y después se exiliaron en Cuba. El segundo escalón era de 19, que completaba el número de 25. Durante la toma, ese grupo iba asegurando las distintas posiciones, la enfermería, por ejemplo. Los otros iban abriendo las puertas. El resto, hasta completar 116, participaba en la fuga desde distintos pabellones. A Agustín Tosco, que estaba en el penal, se le ofreció participar. El dijo que era un dirigente sindical y que iba a esperar que lo sacaran las masas con su lucha, pero que estaba de acuerdo y que lo que pudiera hacer por los compañeros estaba a disposición. Los milicos pensaban que ese lugar era inexpugnable, porque realmente era imposible venir desde afuera a tomarlo. Por eso, se invirtieron los términos: tomar el penal desde adentro e irse en un avión de línea. En el avión había 120 asientos, pero en Comodoro Rivadavia subían cuatro compañeros, por eso la fuga era para 116. Tenían que venir dos camiones o un camión y una camioneta. El problema es que en la guardia de prevención, que es el lugar más exterior de la cárcel, que está bastante adelante del muro, hay un guardia que se resiste, se produce un tiroteo y muere un guardia. El que venía en el primer camión escuchó los tiros e interpretó o creyó haber visto una señal con unas mantas y entendió que la operación había fracasado, pero no es correcto porque no había ninguna consigna para decir que la acción había fracasado. Si había problemas con los camiones, el preso número 26, que era el primero que se quedaba adentro, que vengo a ser yo, tenía la tarea de llamar a los remises para que se fueran los 19. Desde una de las oficinas que habíamos tomado, pregunté a los guardias, que estaban esposados, el número de los remises. Les dije que vinieran a buscar visitas. Teníamos 26 rehenes. Quedaron, además, de rehenes involuntarios, un matrimonio con una hijita que eran visita de un preso común.

–¿Qué hicieron ustedes en el penal mientras los 25 se iban al aeropuerto? ¿Se enteraron de lo que pasaba?

–Teníamos radio, nos enteramos de que los 19 habían quedado en el aeropuerto, que había habido algún problema, escuchamos la conferencia de prensa que se hizo allí. Mientras tanto, nos organizamos. Yo me coloqué muy cerca de una barricada que armamos con muebles en la puerta, en una puertita que conducía a las calderas, para poder, desde allí, hablar con alguien de afuera. Detrás de mí se iban formando escalones de compañeros armados. Yo hablaba con alguien, no sé quién era, pero algunos compañeros que tienen mejor oído me han dicho que era el capellán del penal, que después les transmitía a los penitenciarios. Yo nunca di mi nombre, éramos dos voces en la noche. De acuerdo con las instrucciones que yo había recibido de los compañeros de la dirección, pido lo mismo que los que ocupan el aeropuerto, que vengan jueces y periodistas para garantizar nuestra vida y nuestra integridad física. Me contestan que no se puede porque la zona ha sido declarada de emergencia al mando del general de brigada (Eduardo) Betti. Entonces yo le digo, después de una consulta rápida con mis compañeros, que las garantías nos las dé el general Betti por radio. Les digo, “si ustedes intentan tomar la cárcel por asalto, nosotros somos 110 personas, hemos tomado armas y estamos dispuestos a resistir y esto va a ser una masacre”. Lo primero que pedí es que dejaran salir a los tres civiles que habían quedado de rehenes involuntarios y no los dejaron salir. Cuando declaré en la causa les dije, “señores jueces, nosotros luchábamos por la vida y no por la muerte, porque el proyecto de la represión, que era tomar la cárcel por asalto, hubiera causado muchas muertes de los que estábamos adentro, pero también de los rehenes, e iban a tener bajas ellos, entre las cuales había soldados que eran ciudadanos civiles llamados a la conscripción, que, como sucedió con los soldados de Malvinas, nadie les preguntó si querían ir, y a estos otros nadie les preguntó si querían o no tomar una cárcel donde había guerrilleros armados dispuestos a defenderse”. Intenté con esta descripción decir que nosotros actuábamos con profesionalismo militante y no improvisados. El presidente del tribunal preguntó si era posible que hubiera una fuga improvisada. No mencionó la versión oficial de la marina sobre Trelew, pero se refería a eso. Le dije que las fugas siempre eran muy bien planificadas.

–Pero ustedes estaban dispuestos a resistir...

–Yo les decía que estábamos dispuestos a combatir pero que no queríamos hacerlo, que queríamos entregarnos, entregar las armas y los rehenes con la sola condición de que por radio se nos dieran garantías de nuestras vidas y nuestra integridad física. Eso se repitió varias veces a lo largo de la noche, porque el general Betti no estaba en un escritorio, estaba en su brigada. Las tropas iban llegando en camiones o helicópteros y cada vez que llegaban nuevas tropas, ellos avanzaban hacia el penal, Cuando los compañeros de atrás veían que avanzaban, se corría la voz hacia adelante, yo pedía nuevamente el diálogo y repetía mis argumentos. Esto se sucedió cinco o seis veces a lo largo de la noche hasta que a las siete treinta, el general Betti, dándole la formal de ultimátum, para mantener el principio de autoridad, nos dio las garantías. Dijo más o menos lo siguiente: “Este comando informa a los extremistas que se encuentran en estado de rebelión, ocupando ilegalmente la cárcel de Rawson, que a las ocho la cárcel será tomada por asalto. Si se rinden antes de esa hora y entregan las armas y los rehenes que tienen, este comando les garantiza su vida y su integridad física”. Ahí yo pedí hablar con un jefe penitenciario y dije que las garantías habían sido dadas, que ellos eran parte de esas garantías y que íbamos a enviar a los rehenes con las armas, que las íbamos a cargar en mantas para que los rehenes las arrastraran y que a las 8.15 íbamos a estar cada uno en su celda. Ellos dijeron que estaban de acuerdo y que a las 8.15 iban a entrar y si había gente fuera de su celda se iba a hacer fuego. Entraron, las garantías se cumplieron, no hubo, en ese momento, represión. Sí nos quitaron todo, quedamos a celda pelada, nada más que con el uniforme puesto, una muda de ropa muy escasa, una manta y el colchón. Nos proveyeron unas bacinillas porque el régimen quedó de puertas cerradas.

–¿Y el 22 cómo se enteraron de la masacre?

–Todas las cosas que sacaron de nuestras celdas, por lo menos en el caso del pabellón 5, quedaron en el medio del pabellón. En una salida al baño, un compañero logró robarse una radio pequeña y pudimos escuchar las noticias. De esa manera, la mañana del 22 de agosto nos enteramos de la masacre. Comenzamos a los insultos por la ventana y a avisar a los otros pabellones y se generalizó. La radio informó que hubo un intento de fuga, era la versión oficial, que la fuga había sido reprimida y que había muertos y heridos. Nosotros estábamos seguros de que había sido un fusilamiento, nunca se hace nada improvisado y menos en las condiciones en las que estaban ellos, los habían humillado, los habían hecho barrer desnudos, los golpearon. El 22 de agosto, sobre llovido mojado, aparte del dolor de saber que habían matado a nuestros compañeros, se nos vino una requisa con todo. Hubo golpes, costillas rotas, narices rotas, y todo lo que había quedado en el medio del pabellón lo tiraron en la cancha de fútbol y le prendieron fuego, guitarras, libros. Así quedamos durante 30 días. Después empezamos a salir de a poco, pero nunca fue el régimen de antes.

–¿Y cuándo pudo hablar con los sobrevivientes?

–En diciembre me trasladaron a Buenos Aires para declarar en el Camarón (La Cámara Federal en lo Penal, que se ocupaba de los presos políticos) y tuve oportunidad de hablar con Alberto Camps y René Haidar. Ellos estaban aislados en Devoto, en dos lugares distintos, pero después empezó a haber una vida más normal y pude hablar con ellos en el patio. El reencuentro fue muy triste, muy doloroso. Me contaron lo que se divulgó después, lo que escribió Paco Urondo en La Patria Fusilada. Relataron que a la madrugada les dijeron que hicieran el mono, en el lenguaje carcelario es poner todas las cosas en una manta y hacerle cuatro nudos, y que se formaran que los iban a trasladar a Rawson. Camps y Haidar estaban en las últimas celdas, por eso pudieron sobrevivir. Camps estaba con Mario Delfino, mi cuñado, al que le decían Cacho. Haidar estaba con Carlos Astudillo. En determinado momento empiezan a escuchar disparos de ametralladora. Primero creen que es un amedrentamiento, pero cuando miran adelante, ven que están cayendo, se dan cuenta de que los están matando y se tiran adentro de la celda. Ahí aparecen (los capitanes Luis) Sosa y (Roberto Guillermo) Bravo y empiezan a escuchar tiros de 45, están rematando. Camps y Delfino se despidieron de forma muy sencilla. Camps le dijo: “Bueno, Cacho, ésta es la boleta, chau”. “Chau, Alberto.” Entraron a la celda y les preguntaron si iban a declarar, contestaron que no y les pegaron un tiro a cada uno. A su turno, Haidar, para desorientar dijo “podemos declarar”, el tipo se desorientó, venía con la pistola a martillar y se retiró, pero vino otro y sin preguntarles nada les pegó un tiro a cada uno. Haidar me contó que el tiro le hizo dar una vuelta en redondo, cayó de rodillas con el cuerpo sobre la cucheta. El era muy corto de vista y los lentes se le habían caído a unos 30 centímetros de su cabeza. Veía los lentes, veía el charco de sangre que se formaba y sentía el silbido de sus pulmones, o sea que la bala le había atravesado los pulmones. Pensaba “¿agarro los lentes o no agarro los lentes? Si no los agarro, no veo nada, pero si intento agarrarlos y alguien me está mirando se da cuenta de que no estoy muerto y me remata”. Después entró otra gente de la Base que estaba ajena al grupo que perpetró la masacre. Haidar vio por el rabillo del ojo un guardapolvo blanco y se quejó para que vieran que estaba vivo y lo pusieron en una camilla, donde se desmayó. Se despertó en el Hospital Naval de Bahía Blanca.

–¿Cómo se vivía en el penal? ¿Había temor de que pudieran tomar las mismas represalias?

–Pensábamos que no. Confiábamos mucho en la solidaridad de la gente y eso es lo que nos salvó. Cada vez que había actitudes agresivas empezábamos a los gritos y desde afuera se escuchaba. El penal estaba en medio de la ciudad y siempre había alguien que iba a la cárcel a presionar. Salía en los diarios, movían a los abogados. A su vez, los periodistas, los abogados, los familiares eran amenazados.

–¿Cuándo salió en libertad?

–Salí de Devoto, con el Devotazo. Fuimos a visitar a nuestras familias y volvimos a la militancia. Caí preso de nuevo en 1975, estuve ocho años y medio, gran parte en Coronda.

–¿Qué expectativa le genera el juicio sobre la masacre que se está haciendo actualmente?

–Quiero destacar el apoyo que me dio la gente de Protección al Testigo del Ministerio de Justicia y las secretarías de Derechos Humanos de la Nación y de Chubut. Mi expectativa es positiva. Espero que les den un castigo merecido. En aquel entonces pensábamos en una justicia revolucionaria. Bueno, ahora se está juzgando por la lucha de muchos años, de familiares, de gente y también por la voluntad política de los gobiernos actuales.

martes, 21 de agosto de 2012

Homenajes por los 40 años de la Masacre de Trelew

 A 40 años de la Masacre de Trelew continúan los actos para rendir homenaje a las víctimas de los fusilamientos cometidos en la base Almirante Zar el 22 de agosto de 1972,  mientras gobernaba el país la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse.

Durante la semana pasada se sucedieron los homenajes en Buenos Aires y en Chubut, en tanto que parte de los actos principales se harán el martes y el miércoles en esa provincia.

 Este martes a las 18 tendrá lugar una charla debate a cargo del diputado nacional Andrés Larroque con la participación de Emilio Pérsico, Leonardo Grosso, Ernesto Paillalef y Silvia Horne, entre otros, organizada por La Cámpora y el Movimiento Evita en el sindicato Sitravich de Rawson.

 A las 15.30, en el Espacio Incaa del Centro Cultural José Hernández de Rawson se proyectará "Fotos de Familia, la historia de los Pujadas" con la presencia de los familiares.

Por la mañana se presentará el mural "22 de Agosto" en la escuela Padre Juan de Trelew.

 A las 15 será inaugurada una placa con poemas de Eduardo Galeano en el Ministerio de Educación de Rawson y estará presente el poeta Vicente Zito Lema.

También a las 10, en el Teatro Verdi de Trelew se dará lectura a páginas de libro "Hubiera Querido", de Rosa María Pargas, a cargo de Raquel Camps.

A las 20, en la Universidad Nacional San Juan Bosco, de Trelew se presentarán libros de Marcela Santucho.

El miércoles a las 12 se inaugurará un mural popular en la Laguna Chiquichano.

40 años de la Masacre de Trelew
Publicado por Antena Libre DERECHOS HUMANOS, REGIONALES, UNIVERSITARIAS ago 20, 2012

A 40 años de la Masacre de Trelew, la agrupación H.I.J.O.S. Alto Valle y el equipo de producción de Radio Universidad (103.7 ) de   Neuquén  han realizado una serie de micro programas de libre descarga y difusión. Desde FM Antena Libre nos sumamos a este homenaje difundiendo esta producción.

Especial 40 años de la Masacre de Trelew (una producción de H.I.J.O.S Alto Valle y Radio Universidad de Neuquén)

40 años de la Masacre de TRELEW: INVITAN - PELÍCULA Y DEBATE

Convoca: Frente de Resistencia Nacional Organiza: CONVOCATORIA POR LA LIBERACIÓN NACIONAL Y SOCIAL.

A 40 años de la Masacre de TRELEW: INVITAMOS A PARTICIPAR - PELICULA Y DEBATE
 
1972 - 22 DE AGOSTO - 2012

Nunca será suficiente la admiración y la Gloria que podremos rendir a los diecinueve compañeros fusilados en Trelew y posteriormente a los tres Montoneros sobrevivientes que cayeron heroicamente combatiendo contra la Dictadura Militar.-
Sin embargo hoy pretendemos algo mas: determinar si aún vale la pena luchar con las mismas banderas y los mismos objetivos que tuvieron nuestros mártires de Trelew.-
CONVOCATORIA en el Frente de Resistencia Nacional no tiene dudas, lucha y luchará por la construcción de una Patria para todos, de una Patria Socialista, la misma por la que lucharon y murieron nuestros compañeros.-
Pero ya no todo ni todos somos lo mismo ahora en el 2012 que en 1972.-
Acaso se hubieran velado hoy en la sede del Partido Justicialista a luchadores populares caídos por las balas represivas como se hizo en 1972?.-
Alguien similar a la compañera Ana María Villareal de Santucho habría sido admitida hoy a ser velada y homenajeada en el PJ??
Es similar la militancia abnegada, sacrificada y entregada hasta las últimas consecuencia de chicos y chicas veinteañeros como los que fueron sacrificados en Trelew a la que hoy llevan adelante militantes que ingresan a la política percibiendo ostentosas y obsenas sumas de dinero???
Basta con decir que estamos con "el modelo" y que avalamos a un Gobierno "Nacional y Popular" para sacar patente de revolucionarios??
Jamás los mártires de Trelew habrían admitido la presencia de burócratas traidores buchones de la inteligencia militar sentados al lado de los representantes de un Gobierno Nacional y Popular.-
Por mucho menos que eso MONTONEROS llegó incluso a interpelar hasta al propio Gral Perón.-
Ni que hablar de la forma en que los revolucionarios peronistas enfrentaron a la burocracia vendida y traidora a la clase obrera.-
Imposible imaginar que los fusilados habrían admitido alegre y pacíficamente la votación de leyes represivas y "antiterroristas".-
De todo eso queremos hablar el 24 de agosto a las 17 hs en el local de ATE CAPITAL, Carlos Calvo 1378.-
Pasaremos un corto con fragmentos de la película sobre Trelew e inmediatamente después una charla sobre algunos de los temas aquí planteados.-
Sobre todo tratar de establecer si esos jóvenes que hoy honramos pudieron aparecer a la política argentina de un día para otro, como si fueran nacidos de un repollo.-  E intentar determinar qué tipo de país había y que tipo de condiciones para que esos compañeros, con algunos años de cana encima a pesar de su juventud pudieran haber hecho posible la toma del establecimiento carcelario mas inexpugnable de la Argentina.-
Los esperamos a todos y todas para compartir y debatir lo que veremos en la película.-

Viernes 24 de agosto a las 17 hs en el Salón "Germán Abdala" de ATE CAPITAL, Carlos Calvo 1378.-
(Es ATE Carlos Calvo, no ATE Belgrano, a veces se confunde)

HONOR Y GLORIA
POR UNA PATRIA SOCIALISTA
PATRIA O MUERTE
VENCEREMOS!!

Convoca: Frente de Resistencia Nacional
Organiza: CONVOCATORIA POR LA LIBERACION NACIONAL Y SOCIAL

40 veces 22 = memoria y justicia

Hace 40 años Trelew estaba en el centro de la atención de todo un país. Un grupo de militantes revolucionarios, guerrilleros agrupados en Montoneros, el Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), organizaron la famosa fuga del penal de Rawson. Trágicamente, como se sabe, sólo 6 lograron escapar en un avión hacia el Chile de Salvador Allende, mientras que 19 se entregaron en el aeropuerto, pacíficamente. La base aeronaval Almirante Zar fue el escenario donde fueron llevados, en lugar de reintegrarlos al penal, como había sido acordado. Ya allí, el 22 de agosto de 1972 fueron fusilados salvajemente. Sin embargo, increíblemente tres de ellos sobrevivieron a la masacre, y lograron salir de las cárceles el 25 de mayo de 1973, cuando al asumir el presidente Héctor Cámpora, fue decretada una amnistía general para los presos políticos. Las Fuerzas Armadas esperaron su momento y tras el golpe de Estado de marzo de 1976, fueron por ellos nuevamente. Hoy los tres continúan desaparecidos.

La fuga del penal y la masacre posterior en ese momento conmocionaron al país, mostraron la audacia y la capacidad de las organizaciones armadas que aquella vez lograron trabajar juntas y dejaron en ridículo ala Dictaduraentonces gobernante, conducida por el General Alejandro Agustín Lanusse. El ensañamiento de los militares con los presos generó una ola de indignación y movilizaciones que llega hasta hoy, atravesando cuatro décadas de bronca, resistencia, memoria y lucha. En aquel momento, la lucha popular dio lugar primero a las comisiones de solidaridad con los detenidos y después al reclamo por el esclarecimiento de lo sucedido, al llamado “trelewazo”, un levantamiento popular que sacudió a la ciudad y obligó a las fuerzas armadas a militarizar la ciudad para recuperar el dominio público. Tras la larga noche del genocidio, a fines de los años 80 comenzaron a realizarse en la ciudad patagónica pequeñas actividades de conmemoración de la fuga y, a fines de los 90 organizaciones estudiantiles, sindicales y de derechos humanos lograron empezar a instalar con fuerza el recuerdo de la fuga y de la masacre exigiendo justicia. Finalmente después de tantos años de lucha, en el marco de la apertura nacional de juicios a los militares genocidas, se logró procesar a los responsables de la masacre. La apertura del juicio oral en mayo de este año fue un espaldarazo que reavivó la lucha y, aprovechando el cuarenta aniversario,la Comisiónporla Memoriadel Pueblo de Trelew organizó una serie de actos en el penal de Rawson y en el viejo aeropuerto de Trelew, transformado desde el año 2007 en Centro Cultural porla Memoria. Distintasorganizaciones populares llegaron desde Buenos Aires, Mar del Plata, Neuquén, Mendoza, y Rosario para estar presente en la fecha.

Bárbara Quintana, presidenta de la FederaciónUniversitariade la Patagonia(FUP) y militante de la TendenciaEstudiantilRevolucionaria (TER), una de las organizadoras de los actos dijo a Marcha que “para nosotros vivir en Trelew y recordar el 22 de agosto todos los años es algo muy importante.” “Y particularmente este año, en el 40 aniversario de la masacre, queríamos redoblar la apuesta y hacer una movida nacional más grande. No solamente por la memoria de los compañeros sino también por el juicio que se está dando ahora en contra de los genocidas que los asesinaron hace 40 años”, agregó. “Como estudiantes nosotros encontramos en ellos el sendero que tenemos que seguir caminando. Muchos de los caídos eran estudiantes y nosotros creemos que tenemos que continuar lo que ellos empezaron. Ellos no murieron para tener el gobierno y el sistema que tenemos hoy en día. Si ellos dieron su vida y estaban convencidos de algo, eso era la lucha por el socialismo. Nosotros creemos que es la misma lucha la que tenemos que dar, con las mismas banderas”, finalizó la presidenta de los estudiantes dándole un sentido político actual a los actos.

El acto central          

En medio de una semana gris plagada de lluvias, el domingo amaneció soleado en Trelew, dando una mano a las organizaciones políticas, de derechos humanos, estudiantiles y sindicales que se reunían en el comedor universitario de la Universidad Nacional San Juan Bosco para partir hacia el aeropuerto. En el camino, desde el centro de la ciudad hasta las afueras donde se encuentra el viejo aeropuerto, la manifestación cantaba recordando a los “mártires de Trelew” y exigiendo justicia, mientras en cada cuadra los vecinos miraban desde puertas y ventanas precarias y en muchos casos en construcción, el paso de la columna. La llegada al aeropuerto fue muy emotiva. Cientos de militantes ingresaron a las instalaciones y estuvieron cantando durante una media hora, mientras algunos también recorrían el lugar, conmovidos por la historia que exhalan las paredes. Las imágenes de los caídos en la masacre recuerdan cada uno de sus nombres y recorridos en los muros del que ahora es un Centro Cultural para la Memoria, y vuelve a sorprender la juventud de los militantes cuando fueron asesinados.

Un rato más tarde comenzó el acto. Se sucedieron en la palabra representantes de las organizaciones de derechos humanos, la presidenta dela FUP, se leyó un documento elaborado por las organizaciones que viajaron hacia allá y hablaron distintos familiares de los caídos. Cada uno a su turno recordó los ideales y los proyectos por los que dieron su vida los militantes hace cuarenta años, el largo recorrido de lucha por justicia hasta llegar al juicio oral y la relación entre esa lucha y las violaciones a los derechos humanos que se siguen dando en el presente.

Hilda Fredes, una de las oradoras del acto que además fue candidata a diputada nacional en las últimas elecciones por el Frente Unidad Sur, conversó con Marcha sobre esto. Ella es la esposa de Elvio Angel Bel, un dirigente del Partido Comunista de Trelew quien en su momento fue el apoderado de Mario Roberto Santucho en el penal de Rawson, y por esa razón está desaparecido. “Yo fui parte dela Comisión de solidaridad con los presos, permanentemente hemos estado movilizados, durante la dictadura y mucho más durante la democracia y hoy estamos en un camino importante, construyendo lo mismo que construían los compañeros masacrados el 22 de agosto de 1972, en un camino de unidad y en un proyecto revolucionario”. Por otro lado ella afirmó que en la actualidad en la provincia de Chubut existen violaciones graves de los derechos humanos, lo que forma parte de la misma lucha por justicia. “Está el caso de Iván Torres, masacrado por la policía en Comodoro Rivadavia, y el caso de Julián Antillanca, a quien la policía provincial mató a la salida de un boliche”, aseguró. “Hay connivencia entre la policía y la justicia en la provincia. La policía provincial es la misma que en la dictadura, no ha cambiado nada”, afirmó.    

Uno de los dos momentos más emotivos ocurrió cuando dos chicos de una escuela primaria de la zona leyeron los trabajos que habían hecho en recuerdo de la masacre, reclamando también memoria y justicia, lo que generó un estremecimiento en todos los asistentes. El otro momento más fuerte del acto ocurrió cuando tomó la palabra Marcela Santucho, la hija de Mario Roberto Santucho y de Ana María Villareal, quien fue asesinada en 1972. Ella recordó la última vez que había ido a Trelew, cuarenta años atrás, a visitar a sus padres al penal, con sólo nueve años. Con visible emoción contó que fue la última vez que vio a su madre. Más adelante pudo reencontrarse con su padre por unos pocos años. Tras su asesinato en 1976 debió exiliarse en Cuba y posteriormente en Suiza, desde donde regresó al país recién en 2008.

El acto finalizó con un fuerte grito detrás del nombre de cada uno de los mártires de Trelew: Alejandro Ulla (PRT-ERP), Alfredo Kohon (FAR), Ana María Villarreal de Santucho (PRT-ERP), Carlos Alberto del Rey (PRT-ERP), Carlos Astudillo (FAR), Clarisa Lea Place (PRT-ERP), Eduardo Capello (PRT-ERP), Humberto Suárez (PRT-ERP), Humberto Toschi (PRT-ERP), José Ricardo Mena (PRT-ERP), María Angélica Sabelli (Montoneros), Mariano Pujadas (Montoneros), Mario Emilio Delfino (PRT-ERP), Miguel Ángel Polti (PRT-ERP), Pedro Bonet (PRT-ERP), Susana Lesgart (Montoneros), Alberto Miguel Camps (FAR - desaparecido luego en 1977), María Antonia Berger (FAR - desaparecida en 1979) y Ricardo René Haidar (Montoneros - desaparecido en 1982): ¡presentes!