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jueves, 26 de julio de 2012

Masacre de Trelew: dos ex conscriptos echaron por tierra la versión de la fuga

Carlos Neira y Walter Steiner cumplían el servicio militar obligatorio en la Base Almirante Zar al momento de la histórica fuga del penal de Trelew. Aseguraron que desde el primer momento la explicación oficial de la matanza era inverosimil.
 

Por: Gerardo Aranguren

Dos ex conscriptos que hicieron el servicio militar obligatorio en la Base Almirante Zar declararon ayer en el juicio oral por la Masacre de Trelew del 22 de agosto de 1972 en el reinicio de las audiencias luego del receso de invierno. A las 10:30, el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia dio inicio al debate en el que se escucharon los testimonios de Carlos Neira y Walter Steiner, dos ex conscriptos destinados a la Base Aeronaval de Trelew durante la toma y fuga del Penal de Rawson, la posterior captura y el fusilamiento de los 19 presos políticos que no lograron escapar.
Con su voz cavernosa, que retumbaba en el Centro Cultural José Hernández de Rawson, Neira recordó como "difíciles" esos momentos que debió pasar como soldado a los 21 años cuando cumplía funciones administrativas en el edificio de guardia. Desde Buenos Aires, los acusados Luis Emilio Sosa, Rubén Paccagnini, Emilio del Real y Carlos Marandino seguían su testimonio por videoconferencia en el Consejo de la Magistratura.
"Hubo un intento de evasión, hay varios muertos", fue lo primero que escuchó el ex colimba sobre la masacre. Se lo comentó un superior mientras prestaba funciones en un control policial en el ingreso de Rawson al que había sido designado desde que los detenidos habían sido trasladados a los calabozos de la Base.
Al día siguiente, a las 13 o 14 del 22 de agosto, volvió a la Base Aeronaval. Neira no encontró las palabras para describir el clima que se vivía: "No conozco el olor, pero se podría decir que había olor a muerto", señaló y recordó haber visto cómo bajaban de un camión los ataúdes que iban a destinar para los 16 militantes asesinados esa madrugada.
"Mil versiones empezaron a circular. La versión oficial era que habían intentado escapar pero desde el primer momento en que me lo dijeron no lo podía creer porque no podían ir a ningún lado en los calabozos, era muy cerrado, tenían que salir por la guardia y estaba muy custodiada, por cuatro o cinco personas."
Al ser consultado sobre los sobrevivientes, el testigo recordó que cuando llegó a la Base ese día le preguntaron cuál era su grupo sanguíneo. "Había movimiento en la enfermería y todos habían estado dando sangre, pero la mía no les servía", agregó. Según los testimonios de los tres sobrevivientes, la sangre habría sido para María Antonia Berger, quien recibió atención médica junto a Alberto Camps y Ricardo Haidar recién diez horas después de que los ametrallaran.
"¿Dónde estaba el 15 de agosto, el día de la fuga?", le preguntó la fiscalía. "Estaba de franco porque era feriado. Cuando me enteré, me presenté en la Base y de ahí fui al Aeropuerto de Trelew", en ese momento todavía tomado por los 19 presos políticos que no habían logrado llegar a tiempo. Estaba a cargo el teniente Miguel Troitiño hasta que llegó el capitán Luis Emilio Sosa, ahora acusado en el juicio, señalado como quien junto a Roberto Bravo dispararon los tiros de gracia a los detenidos. "Va a ser una masacre esto, así que voy a ir", escuchó Neira que le dijo Sosa a Troitiño e ingresó al Aeropuerto luego de quitarse la cartuchera con su arma. "Salió a los 20 minutos y dio instrucciones para llevar un vehículo para cuando se entregaran." Luego de rendirse, los 19 presos fueron llevados a la Base Almirante Zar. Cuando llegó el testigo junto al resto del personal militar no pudo ingresar “porque había algún lío” ya que “Sosa les había prometido que los iba a llevar al penal de Rawson y en cambio los habían llevado a la base”, recordó

lunes, 2 de julio de 2012

“El muerto genera protesta y movilización. El desaparecido, paralización total”

La directora y guionista del documental Trelew Mariana Arruti asistió junto a Soledad Capello, madre del fusilado Eduardo Capello, a una charla para estudiantes de la escuela de periodismo TEA. Allí, a poco de cumplirse cuarenta años de la Masacre de Trelew, hablaron de sus experiencias en torno al hecho histórico.

“El muerto genera protesta y movilización. El desaparecido, paralización total”, afirmó Mariana Arruti ante alumnos de TEA el lunes 21 de mayo en el Paseo La Plaza. Sostuvo que a partir del asesinato de los dieciséis presos políticos en Trelew, la última dictadura militar entendió que los muertos se convirtieron en héroes, y sus rostros en los símbolos de lucha. Por eso, años más tarde, decidieron crear la figura del desaparecido como diseño represivo, para difundir terror e inmovilización social.

Por otra parte agregó: “La Masacre de Trelew de 1972 puso en jaque la dictadura de Lanusse y dinamizó el proceso de apertura democrática, porque generó un estado de conciencia social y de enfrentamiento con el gobierno de facto”.

Ante la pregunta de un alumno, la cineasta contó que decidió hacer el documental porque “la última dictadura había concentrado toda la atención, y este acontecimiento había quedado por afuera de lo que es la historia de la represión en nuestro país, como si allí no hubiese existido terrorismo de Estado”. Y sumó: “Esta historia ayuda a comprender que el proceso represivo se venía construyendo desde mucho tiempo antes”.

Por su parte, Soledad Capello habló del trágico asesinato de su hijo Eduardo. “Nunca nos comunicó que se iba a fugar. Mi hijo fue el primero en ser fusilado. Hicimos abrir el cajón para saber si era él y en qué condiciones estaba. Tenía dos tiros en la cabeza”, recordó.

También contó que en el marco del juicio que se lleva a cabo actualmente en Rawson, donde están imputados siete marinos que desempeñaban tareas en la base Almirante Zar, empieza a surgir un resquebrajamiento de la versión que desde 1972, la Marina mantiene intacta, y que ya no es unánime la mirada sobre la masacre.

Encontraron carpetas vinculadas con la masacre de Trelew en un depósito de la Armada

Se trata de copias de las demandas civiles que realizaron familiares de las víctimas, donde los abogados militares reconocen la responsabilidad de los marinos. Los originales estaban “perdidos” y estos papeles se hallaban en un depósito sin archivar, catalogados como “secretos”.

Seis carpetas con información inédita relativa a la Masacre de Trelew fueron integradas como prueba en el juicio que lleva el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia para determinar las responsabilidades de un grupo de militares en los fusilamientos de 16 presos políticos, cometidos el 22 de agosto de 1972 en la Base Almirante Zar de aquella ciudad chubutense. Los papeles estaban escondidos en un pequeño cuarto de un depósito de la Armada que permaneció cerrado bajo llave hasta hace unos meses. Los documentos estaban catalogados como información “secreta”. Para las querellas que intervienen en el juicio, las carpetas son “muy valiosas”. Se trata, en gran parte, de copias de los expedientes de las demandas civiles que familiares de algunas de las víctimas realizaron contra la Armada no bien se cometieron los crímenes y que atesoró la defensa jurídica de las Fuerzas Armadas. Testimonios inéditos y anotaciones personales de los abogados militares en las que reconocerían la responsabilidad de los marinos en los hechos son los aportes más importantes de los hallazgos, ocultos durante casi 40 años.

A principios de la semana pasada, el TOF integrado por Enrique Guanziroli, Pedro de Diego y Nora Monella puso a disposición de las partes que intervienen en el juicio por la Masacre de Trelew una parva de papeles amarillentos que había recibido en mano del Ministerio de Defensa. Fue la respuesta que esa cartera ofreció al tercer pedido realizado por los magistrados sobre el sumario militar 1/72, la investigación de fajina que Jorge Bautista, acusado de encubridor en el juicio, elaboró sobre los fusilamientos de Rubén Bonet, Jorge Ulla, Humberto Suárez, José Mena, Humberto Toschi, Miguel Polti, Mario Delfino, Alberto Del Rey, Eduardo Campello, Clarisa Lea Place, Ana María Villarreal de Santucho, Carlos Astudillo, Alfredo Kohon, María Angélica Sabelli, Mariano Pujadas y Susana Lesgart, además del intento de asesinato de María Antonia Berger, Ricardo Haidar y Alberto Camps, sobrevivientes.

Tras poco más de dos años de trabajo de investigación, la Dirección de Derechos Humanos de la cartera dirigida por Arturo Puricelli halló en el depósito de documentación de la Armada “expedientes, carpetas, papeles sueltos con el sello de ‘secreto’”, describió la titular de ese organismo, Stella Segado (ver aparte). Mezcladas entre esa información clasificada, descansaban las seis carpetas que viajaron a Rawson y que contienen, en concreto, el seguimiento que realizó la Armada de los juicios civiles que familiares de algunas de las víctimas iniciaron a miembros de la fuerza por los fusilamientos (ver aparte). Las carpetas poseen fotocopias de dictámenes, de presentaciones realizadas por las partes en esos juicios y de pericias, además de anotaciones personales de los abogados que defendieron a los militares acusados en esas investigaciones. Gran parte de los señalados en aquellas denuncias coincide con los que están siendo acusados en el juicio actual: los militares retirados Luis Sosa, Emilio Del Real, Rubén Paccagnini, además del ex teniente Guillermo Bravo.

Según un primer análisis realizado por las querellas son dos, por el momento, los datos más relevantes que surgen de esos documentos. Por un lado, la declaración que Raúl Herrera –un capitán de la Armada que se desempeñaba como contador dentro de la estructura militar y que según la acusación fue partícipe de los fusilamientos– dio ante la Justicia civil. Es importante porque es la primera palabra de Herrera sobre los hechos que podrá leerse: está muerto. Por esa razón no está acusado hoy.

“Era el único de los acusados que entonces quedaba en Argentina al momento de la investigación civil, su testimonio certifica que la gran mayoría de los partícipes de los asesinatos fueron trasladados por la Armada al exterior”, detalló Germán Kexel, abogado de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. La “huida” de personajes como Bravo, Sosa o Del Real “queda demostrada en varios papeles de esas carpetas. También el hecho de que la fuerza hizo todo lo posible por que no declaren, siquiera a la distancia”, remarcó. En su testimonio, Herrera da su punto de vista de los hechos que, si bien se adecua a la “versión oficial” que ubica a los fusilamientos como una reacción a un intento de fuga de parte de los presos políticos, “plantea algunas fisuras que sirven para solventar la hipótesis de la Secretaría de Derechos Humanos”, mencionó el abogado.

Por otro lado, existe entre los papeles de trabajo de los abogados de la Armada un dictamen escrito de puño y letra por Jorge Ibarborde, uno de ellos, y presentado en el marco del juicio civil iniciado por la familia de Sabelli. Allí, el letrado recomienda que el Estado –en esos tiempos bajo la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse– “se allane” a las denuncias, se declare culpable de las muertes. “Llego a la conclusión de que el juicio probablemente se encuentre perdido para el Estado nacional (ya que) las pruebas producidas traen un relativo conocimiento sobre la falta de intención de fugarse por parte de Sabelli (lo) que la convierte en víctima inocente”, apunta el escrito y concluye: “Teniendo en cuenta la imagen perjudicial ante la opinión pública que traería una sentencia condenatoria, deberíamos allanarnos”.

“Jurídicamente, el aporte de los expedientes es muy importante ya que demuestra todo lo que los abogados de la Marina trabajaron para tratar de que la causa no trascendiera al ámbito político. Los documentos son valiosos porque en ellos los abogados de la Armada reconocen que sus defendidos mataron a los dieciséis presos políticos en la Base”, sostuvo Mariano Rico, colega de Kexel.

El fiscal de Rawson, Fernando Gelvez –quien comparte la posición con su par de Comodoro Rivadavia, Horacio Arranz–, entendió que las carpetas son “una pieza más en el rompecabezas de los hechos que obtendrá su verdadero valor al ser puesta en relación con el resto de las pericias y testimonios” en la etapa de los alegatos.

“Las constancias de los abogados de la Armada dan por perdidos los juicios debido a que las pruebas aportadas en la investigación eran suficientes para determinar sus culpas”, dice Eduardo Hualpa, uno de los letrados a cargo de la querella de los familiares de las víctimas de la masacre. Para Hualpa, las seis carpetas “son información original de registros que la Armada realizó sobre la investigación que miembros de la fuerza debieron afrontar como acusados de cometer los fusilamientos de Trelew que demuestra que esos procesos judiciales realmente existieron”. Hasta el momento, sólo las pruebas aportadas por la testigo Alicia Bonet, compañera del militante asesinado, hablaban de esos juicios, de cuya existencia la Justicia tiene constancia pero no documentación: “La incineraron, se destruyó”, mencionó Hualpa. Rico, en tanto, consideró que los papeles son “fundamentales” para “apuntalar” la hipótesis de la secretaría: que la masacre fue “parte de una política de Estado de perseguir, reprimir y eliminar a todo actor político que hubiera en la sociedad y que se opusiera a su dirección”.
Parte de los documentos aportados a la Justicia por la Dirección de Derechos Humanos, de Defensa

martes, 5 de junio de 2012

Trelew: el juicio por la masacre, entre silencios y dramatismo

Acusados. Los ex marinos Bautista, Sosa, Del Real y Paccagnini, ayer, en el juicio por la Masacre de Trelew.

La segunda audiencia por la Masacre de Trelew terminó poco antes de las 15. Los cinco procesados salieron por una puerta lateral y en soledad. Y con toda tranquilidad flanquearon las vallas de seguridad que rodean al escenario del juicio. Resultó impactante ver a Roberto Paccagnini, uno de los acusados, caminar por la calle lentamente con las manos en los bolsillos comentando vaya a saber qué con su abogado. El tibio sol de otoño de la tarde patagónica cobijó también a Hilda Toschi, esposa de Humberto Adrián Toschi uno de los fusilados, que a pocos metros dejaba el boulevard del centro cívico de Rawson y caminaba en la misma dirección que Paccagnini sin darle mayor importancia.

Con la misma paz se retiraron los otros procesados. Nadie interrumpió sus caminos con algún insulto o alguna provocación. Como durante las audiencias, se movieron entre la gente con total comodidad. Al contrario de lo que ocurrió en otros juicios por delitos de lesa humanidad, en Rawson los acusados no pasan por momentos ingratos. Hasta uno de ellos (el mismo Paccagnini) dijo el nombre del hotel donde se aloja en Trelew cuando debió presentarse, micrófono en mano, ante el tribunal.

Pero también, los supuestos victimarios suelen compartir lugares pequeños con familiares de las víctimas. Así lo cuenta Alicia Bonet (esposa de Rubén Pedro Bonet, otro de los fusilados) en una carta que escribió a “todos los que me dan fuerza para seguir luchando”. Alicia contó que tras una jornada de mucha actividad volvió al hotel donde se aloja: “estuvimos en el bar y tomamos en té al lado del represor Bautista y su abogado ”. Bautista está siendo juzgado por supuesto encubrimiento. La mujer de Bonet criticó a las Madres de Plaza de Mayo porque “a los familiares nos pusieron muy histéricos ya que ellas actúan a esta altura como vedettes y acaparan todo el espectáculo”. Y dijo que fue como recibir una paliza enterarse que “todos los acusados están libres”.

La sala del Centro Cultural ayer no estuvo repleta como en la primera audiencia realizada el lunes. Así, con absoluta tranquilidad y algunas impresiones fuertes por la lectura de las indagatorias de 2008, ya que los cinco acusados se negaron a declarar en el juicio, transcurrió la audiencia. La madrugada del 22 de agosto de 1972, 19 integrantes de organizaciones armadas fueron fusilados en los calabozos de la Base Almirante Zar de esa ciudad de Chubut. Aunque tres sobrevivieron . Una semana antes habían fugado de la Unidad Seis de Rawson junto a otros 6 jefes que lograron huir a Chile. El resto no llegó a tiempo y se rindió en el aeropuerto viejo de Trelew. Por las muertes son juzgados los ex marinos Luis Sosa, Carlos Marandino, Emilio Del Real, Roberto Paccagnini y Jorge Enrique Bautista.

Hilda Toschi esperaba a afuera (no puede ingresar por ser testigo) y le dijo a Clarín: “El juicio nos trae un poco de alivio. Pero los queremos ver presos. Que no nos digan que son ancianos.

Ayer declararon por videoconferencia Hernán Bonet, hijo de Rubén Pedro Bonet, y Rubén Oscar Suárez, expreso político del penal de Rawson. Este último, quien no llegó a fugarse, pudo relatar los vejámenes a los que eran sometidos mientras permanecían en el penal y también explicó cómo se producía la persecución política en esos años.

Yo hubiese querido que mi marido también llegara a esta edad. Pero no lo dejaron”.
Por Carlos Guajardo

jueves, 24 de mayo de 2012

A 40 años de la masacre de Trelew, los hijos de Urondo presentaron la reedición de “La patria fusilada”

Angela Urondo, hija del poeta y periodista asesinado en 1976 en Mendoza.
Javier y Ángela Urondo presentaron este lunes en Santa Fe -ciudad natal de su padre- la reedición de “La patria fusilada”, la célebre obra que el poeta y periodista asesinado por la última dictadura cívico militar escribió sobre la Masacre de Trelew. Junto al editor, Daniel Riera, destacaron la importancia política y cultural del acontecimiento, en momentos donde los responsables de las 19 muertes le rinden cuentas a la justicia por su accionar represivo. El subsecretario de Derechos Humanos de Entre Ríos, Julián Froidevaux, acompañó a los hijos de Paco en la presentación y los invitó a visitar la provincia cuando en agosto se cumplan exactamente 40 años de la masacre relatada en el libro, por la cual se organizarán una serie de actividades.
La obra se encontró durante 25 años descatalogada, motivo por el cual su reedición en estos momentos constituye un aporte muy valioso a la memoria colectiva del pueblo argentino. Además, cobra un significado especial al relanzarse paralelamente al desarrollo del juicio que investiga los 19 asesinatos que allí se relatan, como así también al proceso por delitos de lesa humanidad llevado adelante en Mendoza, donde Urondo fue asesinado.

Javier destacó la personalidad de su padre, quien “vivió del deseo y no del dogma” y siempre “entendió la militancia desde lo político y no desde lo militar”. Ángela, por su parte, relató que fue la encargada de ilustrar la tapa de la reedición, ya que fue convocada a tal fin por su condición de dibujante e hija del autor: “Me emociona ser parte de algo de papá”, expresó.

“Es un libro imprescindible, pero muy difícil de ser leído”, agregó, argumentando que su contenido le produce un alto impacto emocional.

En esa línea, la hija menor del escritor consideró que “estamos viviendo una situación política totalmente distinta” a la que le tocó atravesar la última vez que visitó Santa Fe, en 2005, donde recién Néstor Kirchner anunciaba la derogación de las leyes que garantizaban a los represores la impunidad.

Froidevaux, quien tiene una relación cercana con los hijos de Urondo por compartir la militancia en reclamo de juicio y castigo, invitó a que la presentación de la reedición de “La patria fusilada” se desarrolle también en Entre Ríos, en el marco de las actividades que la Subsecretaría que encabeza llevará adelante cuando se cumplan 40 años de la Masacre de Trelew.

Los fusiladores por las calles...


sábado, 19 de mayo de 2012

“Poema donde Rubén Pedro Bonet escribe a sus hijos”

Los que lo conocieron pueden atestiguar
que era un duro militante.
Igual lo saben sus torturadores
que no lograron sacarle una palabra.
Pero también es bueno que se recuerde
que su última carta la escribió a Hernán y Mariana
sus hijos de 5 y 4 años.
recién llegado al penal de Rawson
les contó cómo había viajado desde Buenos Aires.
Primero en un camión de celdas sin día y sin noche
y luego en un avión esposado al asiento.
Pero él lo decía como si fuera
una hermosa aventura en la Malasia
-no se olviden de que era para sus hijos-
También les contó que en el penal hacía frío
pero que a él tanto frío le gustaba
y que fumaba y que leía y que tenía en la pared
de su celda pegada la foto de Hernán y de Mariana
junto a la de Carlitos Chaplin.
Les pedía a sus hijos que lo vinieran a visitar
si era posible para el 9 de julio.
Que no faltaran a clase y que le contestaran la carta.
Como Hernán y Mariana no sabían escribir
le enviaron sus dibujos
donde el duro militante tenía en vez de manos raíces
y un alto sombrero de payaso.
El día que se fugó del penal
se ató del cuello una carterita de cuero marrón
con las fotos de sus hijos la de Chaplin y los dibujos
y aún la llevaba cuando lo asesinaron
en la base naval
bien cerca del mar y de una playa
con enormes negras gaviotas.

Vicente Zito Lema

Masacre: la viuda de Bonet ofreció exhumar el cuerpo

El cadáver está en un nicho de Pergamino, provincia de Buenos Aires. Ayer la querellante presentó autopsias que confirman que lo remataron 9 horas después de recibir ráfagas de ametralladora. Y le dijo al tribunal que si no condena a los 5 marinos acusados, “yo igual seguiré luchando”.
Bolso con pruebas. Auxiliada por el secretario del tribunal, Bonet se sienta junto con su documentación.


Alicia Bonet le ofreció al tribunal que juzga la Masacre de Trelew que de ser necesario, se exhume el cuerpo de su marido, Rubén Pedro, que reposa en un nicho de Pergamino, provincia de Buenos Aires. Se trata de uno de los 19 fusilados la madrugada del 22 de agosto de 1972 en la Base Almirante Zar. La intención de la querellante es que los médicos verifiquen que su esposo recibió un tiro de gracia en la nuca luego de sobrevivir 9 horas en la morgue militar. Pese a que pasaron 40 años, se cree que restos como el cráneo siguen intactos y conservan la huella de aquel balazo mortal. El Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia dio por presentada la idea.

Durante 4 horas y ante más de un centenar de personas en el Cine Teatro “José Hernández” de Rawson, Bonet repasó su vida de casada, la fuga de Rawson, los hechos de la Base, su pase a la clandestinidad y su búsqueda de justicia. La escucharon hasta alumnos del Colegio Padre Juan Muzio de Trelew. La audiencia se cerró con su consejo de revisar el cadáver. En el ´72 Rubén fue enterrado pero ahora comparte nicho con sus padres. “Siempre estuve dispuesta a hacer todo lo que fuera necesario para demostrar que lo que declaré es verdad y por si quedaba alguna duda me quedaba la última instancia: que tomen los huesos porque el agujero que tiene es imposible de borrar. Ya di lo máximo que pude”.

Pasaron cuatro décadas pero Alicia recordó que, por ejemplo, el Equipo de Antropología Forense identifica restos óseos de víctimas de la dictadura en peores condiciones que los de su ex esposo. “Sólo hace falta mostrar que tiene una entrada de bala enorme que le rompió el cráneo. Es un tiro de gracia y con eso, ya no se puede pedir más testimonio”.

Bonet es testigo y a la vez querellante. Ayer presentó amplia documentación de la Masacre, su archivo personal. La mayoría consta en la causa pero su valor como prueba es relativo: muchas son fotocopias de originales perdidos o destruidos. Su importancia para la sentencia dependerá del tribunal.

Una causa que ya no está

Por ejemplo, a la semana de la balacera, Bonet inició juicio a la Armada Argentina por el asesinato de su esposo. Pero fue una causa civil que la justicia destruyó por el paso del tiempo, como es regla. Ese expediente contenía una autopsia clave, del 26 de octubre del ´72. Además de balazos en el pecho, brazo derecho y abdomen, los médicos hallaron un disparo en la cabeza que entró cerca de la oreja izquierda y salió por encima de la ceja.

Según la pericia –fue destruida- las primeras lesiones fueron con Bonet de pie. Pero el último balazo fue con arma de puño, de atrás hacia adelante y a muy corta distancia. Él estaba caído y su cabeza apoyada en el piso. Se trató del tiro de gracia. Los forenses lo describieron pero no lo nombraron así. Como “no llamaron las cosas por su nombre”, la viuda impugnó la pericia, hasta que los médicos le dieron la razón a regañadientes en una segunda autopsia. “Me di cuenta que más no podía hacer, ni yo ni los médicos ya que era muy arriesgado para todos. Comprendo esas situaciones porque las viví”.

Dos opciones

Otro dato clave: el certificado de defunción de su esposo –firmado por médicos de la Base- dice que falleció el 22 de agosto a las 12.55 por “muerte violenta” a causa de ese balazo en el cráneo. Pero el supuesto intento de fuga de los calabozos ocurrió a las 3.30. Sólo hay dos alternativas: el certificado de defunción es falso y a Bonet lo remataron de madrugada tras el tiroteo, o sobrevivió herido durante 9 horas y lo mató el tiro de gracia al mediodía. Ella cree lo segundo pero en rigor, ambas hipótesis derriban la versión militar.

“Quiero que algún día alguien me responda quién y por qué asesinó a mi esposo a las 12.55 –dijo Bonet-. Tras el fusilamiento, en ese momento lo mataron por segunda vez y definitivamente. En él se sintetiza la Masacre de Trelew: la decisión de aniquilar a un grupo de jóvenes desarmados porque eran la semilla de la oposición”.

Su viuda aseguró que hubo una orden militar para que los cuerpos sean enterrados de inmediato, en féretros herméticamente soldados y en sus provincias de origen. Pero en la morgue de Pergamino logró una excepción y entró sola, con lápiz y papel, a reconocer el cadáver de su esposo. Había un enorme despliegue militar porque se creía que el Ejército Revolucionario del Pueblo quería recuperar el cadáver.

“Todavía escucho el soplete que abre el cajón –se emocionó-. Era un hermoso muchacho y yo nunca había visto un cuerpo desnudo con balazos. Parecían lunares grandes en el brazo, el pecho y el abdomen. Su cabeza la habían arreglado como si fuese plastilina porque estaba destrozada”.

Tantos datos que presentó ayer la mujer no se hubiesen perdido si se hubiese tratado de una causa penal y no civil. “Pero lamentablemente ignoro por qué se tomó este camino y están todos los abogados muertos. Nadie puede responder”, se resignó Alicia.

Pero no fue sólo de los fusilamientos de lo que habló Alicia Bonet ayer. También graficó con precisión el estado en que ella y su familia vivían antes de las muertes, así como la persecución de parte de las fuerzas de seguridad que sufrieron ella y el resto de las personas vinculadas con las víctimas de la Masacre de Trelew, que en ella significó la clandestinidad y el exilio y que en muchos otros casos culminó en la desaparición o muerte. “Con esa explicación se prueba que en Trelew se aplicó el terrorismo de Estado”, apuntó. Para Kexel, esa contextualización “demostró la continuidad represiva del Estado desde la masacre y la posiciona como punto de partida en el accionar del terrorismo de Estado en el país”.

Sobre el final de su presentación, Bonet miró fijo a los jueces Enrique Guanziroli, Pedro De Diego y Nora Cabrera de Monella: “Sea cual sea su sentencia, ustedes van a escribir una página fundamental y sus nombres quedarán inscriptos en la historia. Si los condenan, ese día los familiares que quedamos vivos podremos enterrar en paz y dignidad a los 19 muertos de Trelew. Y si no, seguiré luchando como hace 40 años”. La sala la aplaudió.
 Por Rolando Tobarez