martes, 8 de mayo de 2012

El "Gringo" que convenció al carcelero

Está el hecho que trasciende, que hace historia.

Y están los hechos que hacen a esa historia pero van por sus laterales. Son los que Raymond Carr definía como los "núcleos sueltos" sin los cuales no habría un núcleo central: la historia tal cual trasciende, pero que se desliga de ellos.

Desde esta perspectiva, la fuga y masacre en Trelew tienen alcance nacional. Pero sus "núcleos sueltos" tocan muy de cerca a Carmen de Patagones y Viedma. Veamos:

El "Gringo" Domingo Mena fue uno de los fundadores del PRT, génesis de su ala militar: el ERP. En 1972 Mena, descendiente de una familia del norte argentino de larga tradición católica, estaba preso en Trelew desde 1971. A metros, en otras celdas, Roberto Santucho y Enrique Gorriarán Merlo.

A lo largo de aquel 72 Mena, hombre culto, de hablar suave, con cautela se encargó de captar a un carcelero: Facio, descendiente de una numerosa familia de Viedma. Facio le pidió 10 millones de pesos para ayudar a la fuga que se planeaba. Tenía deudas. El pedido "lo hizo casi con vergüenza, y después de tratarlo cotidianamente nos daba la impresión de que sin pago también nos hubiese ayudado. No pensábamos que pudiera traicionarnos, aunque en realidad no nos quedaba más alternativa que confiar", confiesa Gorriarán Merlo en sus sabrosas memorias.

El ERP accedió al pedido de Facio: cinco millones antes de la fuga, luego el resto.

Pero Facio nunca cobraría ese resto.

Una madrugada, meses después de la fuga y masacre, sonó el timbre en la casa de Facio, en Trelew.

–Venimos de parte del "Gringo" Mena –le dijeron a través de la puerta. Facio confió.

Abrió creyendo que llegaba el resto de la plata. No pudo frotarse las manos.

Está desaparecido.

¿Qué fue de Mena, en tanto?

Tras la fuga, paso por Chile y estadía mediante en Cuba, volvió a la Argentina semanas antes de las elecciones de 1973. Quizá ingresó junto a Santucho y Gorriarán Merlo.

Chile, cruce de Los Andes, estadía en Neuquén durante unos días. Luego, en tren, rumbo a Buenos Aires.

Pasaron los años. Años de sangre y muerte. Llegó el golpe del 76. En la tarde del 19 de julio un capitán del Ejército que venía de prestar servicios en la VI Brigada de Infantería de Neuquén, irrumpió al frente de cuatro suboficiales. La balacera tuvo ida y vuelta. Dice la historia que el capitán se trabó en lucha cuerpo a cuerpo con el jefe del ERP, Mario Santucho. Murieron los dos. El capitán se llamaba Leonetti.

Y cayó también Benito Urteaga, el segundo del ala militar de ERP, que comenzaba ser historia.

Esa noche, en otro lugar del Gran Buenos Aires, eran secuestrados Mena y su esposa, Ana Lanzillotto. Junto a otra hermana –quizá melliza– militan en el ERP.

Descendientes de otra familia con larga estela de historia en La Rioja, las dos están desaparecidas.

Mena y Ana tenían un bebé de meses. El grupo que los secuestró, lo hizo llegar a familiares. Se llamaba Ramiro.

Una hermana mayor de la mamá se hizo cargo de él. Estaba casada con un farmacéutico radical y riojano que llegó a Carmen de Patagones cuando arrancaban los 60. Gaggioti de apellido. Ahí se crió Ramiro, cursó el secundario en el veterano San José.

Ramiro tomó los hábitos. Visitó a Gorriarán Merlo cuando éste fue detenido por la democracia. Luego se fue de misionero a África.

Volvió al país hace pocos años. Armó pareja. Vive en el norte. Cruzó los 40. Con mucha historia a cuesta.
CARLOS TORRENGO carlostorrengo@hotmail.com